Los primeros perretxikos y las primeras colmenillas (5-abr-2009)

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Después de tanta lluvia y tanta nieve, al final la primavera ha llegado casi sin darnos cuenta. Tiene narices. Y la cosa es que en los valles alejados de la montaña, los brotes de los árboles ya están abiertos y con toda la humedad que hay acumulada, las plantas anuales están que da gloria verlas.

Y sí, efectivamente, las setas de primavera ya están por aquí. Está bien eso de que me presionéis para que publique setas, hombre. Al fin y al cabo, se supone que esto es un blog sobre setas ¿no? Ya vale de tanta cueva, tanta cascadita de agua y tanta leche…

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En fin, desde el invierno le tenía echado el ojo a un valle muy cerca de casa: un buen río con riberas amplias, todo lleno de árboles autóctonos de ribera, ni un alma por los alrededores… -este valle me tiene que dar colmenillas- se lo había comentado a más de un colega setero.

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Y la verdad es que la cosa se ha resistido bastante. Ha habido que hacer unas cuantas incursiones antes de poder dar con alguna. De paso ha caído algún perretxiko tempranero en el cesto (y más tarde en la barriga), aunque la verdadera satisfacción es la de pasear por esos pocos rincones que quedan totalmente olvidados de la mano de Dios.

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La primavera, igual que las mujeres, es veleidosa. Ahora llueve, ahora sale el sol. Ahora hace un frío del carajo, y ahora sale el solecito y hay que quitarse la sudadera.

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El juego de luces y sombras sobre estas prímulas (San Jose Lorak eukeraz) son el resumen del juego que lleva el sol todo el día: ahora me asomo, ahora me escondo detrás de etas nubes.

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Al final, casi siempre se acaba mojado, pero al fin y al cabo, eso no es un gran inconveniente y el musgo y las plantas se muestran en su expresión más fresca y colorida.

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Los helechos también están brotando en este momento, y antes de desenroscar sus largas hojas tienen este aspecto de tirabuzones.

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La primavera ha llenado de flores la ribera del río. Se trata de florecillas muy modestas, pero que si nos tomamos la molestia de detenernos a observarlas de cerca con cierta atención nos pueden llegar a sorprender. Además, con las gotas de sirimiri parecen sacadas de un cuento de hadas. El agua hace salir de sus escondrijos a ciertos animales del bosque que no es posible ver a no ser que esté lloviendo o acabe de hacerlo. Las salamandras son unos de estos duendecillos amigos del sirimiri: Salamandra salamandra bernardezi.

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Más prímulas, con las gotas de sirimiri pegadas a los pétalos.

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Bueno, y allá van las primeras setas, aunque sean unas lignícolas de las de toda la vida. Esto es Traametes versicolor. La verdad es que eran de un rojo vivo precioso, pero la conversión de RAW a JPEG me ha hecho esta mala pasada y han quedado de un marrón bastante vulgar. Si se enteran de que las saco por Internet de seta guisa…

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Estos caracoles son de otra clase de helechos. Son unos helechos que conozco muy bien, pero cuyo nombre desconozco. Tendré que ponerme un poco las pilas también con estas cosas.

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Sí, vale, muchas florecillas, pero colmenillas, ná de ná. ¿Será posible con la buenísima pinta que tiene este valle? No puede ser. ¿Será pronto? ¿Será tarde? Pero hombre, con los fresnos justo echando los primeros brotes… ¡es de libro!

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¡Hale, más helechos! Si no hay más…

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Con el sirimiri, el musgo está que parecen gominolas de menta.

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Al menos, Igone da con un buen setal de perretxiko. Es de esos setales que me gustan a mí. Alejados de cualquier campa, y en mitad de un bosque que permite salir la hierba debajo de los árboles.

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Bueno, pues no nos vamos con las manos vacías. Aunque lo suyo hubiera sido poder echar mano a unas hermosas colmenillas.

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¡Esto es lo que faltaba! Este gran orejon retorcido es una Disciotis venosa. No parece gran cosa, pero en muchos libros se la presenta asociada a las colmenillas. De hecho, siempre que he encontrado colmenillas en Gipuzkoa (que no ha sido muchas veces, debo reconocer), antes han aparecido Disciotis.

Miro en los alrededores hasta que me duele la vista, porque ya se sabe que las colmenillas son las reinas del camuflaje, y puedes tener una delante de las narices y llevarte un buen rato sin ver nada.

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Pero esta vez no hay colmenillas ni mirando el suelo con lupa. Qué le vamos a hacer. A falta de otra cosa, yo me dedico a sacar fotos de más flores y más plantas.

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Otra seta. Esta también es un clásico clásico, pero del invierno: Sarcoscypha coccinea. Todavía quedan las últimas del invierno pasado entre el ramaje podrido de las zonas más húmedas del bosque.

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Estos helechos parecen totalmente las volutas del clavijero de un violonchelo ¿que no?

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Al rato, Igone me pega un silbido. En una esquina del camino por el que ya hemos pasado en el camino de subida, hay una colmenilla del tamaño de una piña más chula que un ocho.

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Y como ocurre siempre en estos casos, la primera es la chivata, pero alrededor hay muchas más. Un buen montón que nos permite llenar la cesta. Ya un poco cebados con el tema, todavía aparecerán un par de setales de colmenillas más.

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Esta foto que parece que está tumbada, es así en realidad. Esta colmenilla crecía así, tumbada a la bartola, debajo de la visera de un gran pedrusco. Se ve que los musgos están secos, cobijados del sirimiri por la roca.

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Y con la cesta y la memoria de la cámara bien repletas, nos marchamos para el coche.

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Compartiendo setal con las últimas colmenillas, aparece el siguiente protagosnista del día. Se trata de una Mitrophora semilibera. Por el revuelto de mitrophoras y colmenillas que hay, parece que debe de haber algún tipo de asociación entre los micelios de ambos. También se dice que las Disciotis suelen estar asociadas a las Morchellas, aunque yo siempre las he visto cerca unas de otras, no juntas y revueltas como estas.

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Aunque el día no está muy del gusto de las abejas, este abejorro no se asusta del sirimiri y anda afanado saltando entre las numerosas flores de San José, como queriendo recuperar el tiempo perdido en el invierno. Está tan acelerado que es casi imposible tomar el tiempo suficiente como para dispararle una foto. Al final me tengo que conformar con esta toma medio movida y no muy bien encuadrada.

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Yo creo que este caballo ha visto algo…

3 criticas en “Los primeros perretxikos y las primeras colmenillas (5-abr-2009)”

  1. Bueno, bueno, veo que el cueveo del finde va tomando otro cariz.

    Como siempre, fotos muy chulas, compañadas de comentarios del todo ilustrativos.

    A ver con qué nos sorprendes en el próximo.

  2. Por confirmar Iñigo, ¿Las colmenillas son cometibles?
    Con esa pinta nunca las comería y que conste que con alguna me he topado alguna vez.

    Fer.

  3. Vaya, me apunto como crítica la pregunta, ya que significa que no he explicado el tema en el texto. Gracias por preguntar.

    Las colmenillas son absolutamente cojonudas. Tienen la característica curiosa de que son tóxicas en crudo, pero la toxicidad desaperece después de una cocción (un caso parecido al de la Amanita rubescens, que también está muy buena).

    Se han reportado casos (muy raros) en los que la toxicidad ha permanecido tras la cocción. El resultado de la intoxicación no es grave, y te deja una especie de borrachera, con pérdida de equilibrio, coordinación y tal, que suele durar hasta el día siguiente.

    El truco consiste en coger las setas (sin cocer) y simplemente dejarlas secar encima de un periódico. Este procedimiento tan sencillo elimina la toxicidad de las colmenillas al 100%, y tiene dos ventajas:

    La primera es que no se pierde el sabor que pierdes con la cocción, ya que se tiene que desechar el agua que se lleva parte del sabor de las colmenillas.

    La segunda es que, al igual que ocurre con otras setas (como las Cantharellus lutescens, por ejemplo) el aroma de la seta se refuerza con el proceso de desecado.

    El resultado es que la habitación en la que dejes las colmenillas a secar se queda con un aroma que es para flipar. Luego metes las colmenillas en un tarro (cada vez que lo destapas también vas a flipar con el olor) y a lo largo del año puedes utilizarlas en la cocina como mejor te convenga. Se pueden comer solas, pero yo creo que son inugualables como condimento para pastas, guisos…

    Se suelen vender desetacadas en tiendas de delicathessen y tal, pero te cobran un pastizal.

    Si las has visto, que Santa Lucía te conseve la vista (por cierto, ya me estás diciendo dónde), porque esa especie de redecilla que tienen actúa de camuflaje y funciona como no está escrito. Incuso sabiendo dónde está el setal, cuesta un huevo verlas, aunque la tengas delante de las mismas narices.

    Ojo, que también hay otras setas muy parecidas (fíjate en la Mitrophora) que tienen las mismas caracteríasticas tóxicas y por tanto se pueden comer, pero no son tan buenas. En cualquier caso, son igual de difíciles de ver.

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