Boletus edulis
Las nevadas de los últimos días, aunque no han sido muy copiosas, han provocado un pequeño deshielo que hace bajar las aguas de los arroyos más ruidosas que lo habitual, sustituyendo el eterno silencio del bosque por un murmullo constante originado en innumerables pequeñas cascadas.
El otoño es generoso y nos ofrece sus frutos a nuestro paso, como invitándonos a participar de ellos. Estos son madroños.
Fruto del madroño, Arbutus unedo.
Si bien ha estado nevando, las temperaturas no han llegado a ser muy bajas, y curiosamente, las setas han empezado a brotar ahora más que en el resto de la temporada.
Amanita muscaria
Oudemansiella mucida
Ramaria sp (¿flava?)
Han empezado a sallir también algunos Boletus, que sin llegar a ser abundantes, permiten llenar la cesta.
Boletus edulis
Boletus edulis
Han salido sobre todo Boletus edulis y Boletus Pinophilus, como este precioso ejemplar de hayedo, duro como si estuviese echo de goma, que dio en la báscula el nada despreciable peso de 600g.
Boletus pinophilus
Y lo que pienso que es una excepción, este Boletus aereus, solitario en un bosque de robles. Está un poco tocado por los limacos como para una buena foto, pero como no había ninguno más, le haremos un sitio en el post para dejar constancia.
Boletus aereus
También han salido otras especies de Boletus, como el badius, o este erythropus, tampoco demasiado boyante.
Boletus erythropus
Este Leccinum quercinum parece tener un dueño dispuesto a defenderlo, así que hacemos la foto y nos alejamos discretamente.
Lecinum quercinum
Pese a que estamos ya en noviembre, hay zonas del hayedo que permanecen muy verdes. Esta de aquí parece casi una fotografía de verano.
Aunque la mayor parte de las hayas han amarilleado ya mucho e incluso las zonas más altas empiezan a estar peladas y hay mucha hojarasca cubriendo el suelo.
Recorremos el hayedo caminando despacio, por viejos caminos que prácticamente han sido borrados por la capa anual de ojas otoñales que cubren el camino, que durante siglos se han ido acumulando y descomponiendose hasta convertirse en el mantillo que cubre todo el bosque. Sin embargo, lo que nos parece una senda a duras penas dibujada, nos dice que antaño fue un camino importante. Este puente de piedra construido para salvar un pequeño arroyo nos habla de ello.
Los arroyos vienen crecidos, alimentados por las nieves que cubren el suelo en la parte más alta del bosque.
Los alerces apenas han empezado a amarillear, y todavía están lejos de alcanzar el color amarillo dorado que los suele caracterizar durante el mes de noviembre.
De entre las setas más bundantes, la pardilla, Clitocybe nebularis.
Clitocybe nebularis
Esta especie de gominola es una Tremella mesentérica. Podemos encontrarla a lo largo de casi todo el año creciendo sobre ramas caídas, a medio descomponer. Aunque crece casi en cualquier época, es más propia de los meses de invierno, y el verla nos hace pensar que el invierno no está lejos.
Tremella mesenterica
Estas dos pelotillas que parecen estar posadas sobre la hoja, en realidad crecen sobre ella. Se trata de agallas, es decir, unas excrecencias que son producidas por el árbol (un roble en este caso) como reacción a la actividad de un insecto. De hecho, estas excrecencias son provocadas y aprovechadas por algunos insectos himenópteros para su reproducción. Si cortamos una de estas agallas con un cuchillo afilado, en muchos casos podremos encontrar una pequeña avispa desarrollándose en su interior. Si la agalla presenta un pequeño agujero de 1 o 2mm de diámetro, es que la avispa ya ha volado y ya no encontraremos nada interesante dentro. Si no me equivoso, estas agallas corresponden a un cinípedo, una pequeña avispa llamada Dryophanta, que en función de la época del año presenta reproducción sexual o asexual y produce dos tipos de agallas diferentes.
A veces estas agallas suelen ser confundidas con el fruto de algún tipo de roble, pero no es así. Los frutos del roble son las bellotas de toda la vida.
Y para seguir hablando de insectos, aquí tenemos un habitante muy habitual de nuestros hayedos, esta vez un lepidóptero. Se trata de una oruga de Calliteara pudibunda, que cuando llegue a su edad adulta después de la metamorfosis correspondiente, se convertira en una preciosa mariposa nocturna. A ver si un día puedo colgar en el blog una imagen de la mariposa adulta.
Calliteara pudibunda
Bueno, a falta de fotografía propia de la mariposa, os pongo un enlace a Wikimedia Commons en donde podéis ver la mariposa en la que se convertirá nuestra oruga. Cambia a un traje de colores mucho más discretos, como veréis.
Amanita muscaria